Starship Troopers

Introducción

La primera obra a comentar individualmente en este sitio web no puede ser otra que Starship Troopersnota 1, ya que fue el primer contacto del que esto escribe con Heinlein. Era por aquel entonces un adolescente que ya conocía y disfrutaba la ciencia ficción, pero al que esta obra impactó de manera especial, al descubrirle horizontes mucho más amplios en el género. Hoy sigo apreciando mucho a este autor, hasta el punto de haber decidido construir este sitio web, con el considerable esfuerzo que ha supuesto.

La novela, escrita a finales de 1958, abre de manera espectacular con la que es, sin duda, la mejor escena de acción de la literatura de ciencia ficción. Después retrocede en el tiempo hasta el último año de instituto del protagonista, para contarnos su historia, su decisión de unirse al servicio federal de la Federación Terrena, su entrenamiento en la Infantería Móvil, sus primeros destinos... hasta volver al combate descrito al inicio y continuar a partir de ahí el resto de la historia. Todo ello con la habitual habilidad narrativa de Heinlein, abundante en frases ingeniosas y memorables.

Heinlein escribió esta novela pensando en el público juvenil, para el que venía publicando con Scribner, pero en esta editorial consideraron que no era apta para este público, pues tenía poca «aventura» y demasiado «comentario social». Por el contrario, Doubleday y la revista Astounding Science-Fiction la consideraron demasiado «juvenil».1

Pero la reputación de Heinlein era grande, y la editorial Putnam se enteró de que una de sus obras estaba en el mercado, y aprovecho la oportunidad de acceder a ella, publicándola en 1959. 1

Las mentiras

La novela fue un gran éxito entre el público, y ganó el premigo Hugo de 1960 a la mejor novela. Sin embargo resultó controvertida entre la crítica. Heinlein esperaba malas críticas desde ciertos sectores, pero algunas resultaron auténticas tergiversaciones del contenido real de la novela.2 En todo caso las críticas de mayor agresividad son en realidad más ideológicas que literarias, ataques desde la corrección política que pretenden negar a Heinlein lo que conceden a otro autores: poder hacer especulación inteligente sobre cualquier cosa, precisamente lo que caracteriza a la buena ciencia ficción.

Lo peor de todo es que algunas de estas tergiversaciones, auténticas calumnias a mi parecer, se han convertido en lugar común a la hora de hablar de esta novela. Afirmaciones como que es «fascistoide» se escuchan incluso de gente que es más objetiva al hablar de otras novelas, sólo porque desde hace décadas algunos lo vienen repitiendo. La entera película Starship Troopers, de Paul Verhoeven, representa esta tergiversación y perpetúa la calumnia. Pocas novelas han sido tan completamente traicionadas por su versión cinematográfica como esta.

Pero cualquiera que lea la novela sin prejuicios, ateniéndose a lo que en ella está escrito y a su contexto histórico y sociocultural, verá que son afirmaciones con poca base.

La única verdad que se podría encontrar entre estas críticas es que la novela es militarista, en el sentido de que muestra a las fuerzas armadas como una garantía de la defensa de las sociedades, y a que busca una cierta glorificación de esta profesión. Pero NO en el sentido de que promueva un gobierno por parte del estamento militar; al contrario, la sociedad que se presenta en la novela tiene un gobierno civil y democrático bajo una constitución homologable a las de las democracias actuales, y los miembros del servicio federal no son ni electores ni elegibles hasta que lo abandonan.

En realidad la novela es una exploración de los motivos éticos que pueden justificar el uso de la fuerza. En ningún momento se defienden argumentos autoritarios ni fascistas, entre otras cosas porque al autor le han asqueado siempre los sistemas basados en semejantes ideales. Y esto es así porque la filosofía política de Heinlein está basada en el libertarismo y el anarquismo filosófico, o sea, en ideas diametralmente opuestas a los autoritarismos estatistas, como fueron los fascismos y el comunismo marxista-leninista que se aplicó en la Unión Soviética.

El propio Heinlein3 y otros4 intentaron explicar el motivo de esta crítica tan exagerada y fuera de lugar hacia lo que no deja de ser una obra de ficción. En Expanded Universe Heinlein expone que quizás se deba a la especulación que aparece en la novela sobre una sociedad en la que los derechos políticos deben ser ganados mediante un servicio público de dos años. Tal vez esta especulación, expuesta con detalle en el capítulo 12, disguste a los adalides de la corrección política, pero es perfectamente legítima, interesante e invita a pensar. Y es que la reflexión que presenta el autor tiene antecedentes entre diversos pensadores y escritores estadounidenses desde el nacimiento de su democracia, y consiste en plantear algún tipo de mecanismo, no importa cual, que garantice el voto responsable.

A continuación recorreremos la novela con mucho detalle, así que ... ¡ALERTA SPOILER! ..., por favor, NO SIGAS hasta que no hayas leído la novela. Estropearás una gran lectura.

La novela

No sé hoy, pero desde luego en la ciencia ficción que se podía leer en los 80, cuando esta novela cayó en mis manos, no había nada comparable al primer capítulo de Starship Troopers. Con una narración en primera persona, te sumerge de lleno en la incursión de un pelotón de soldados humanos a un planeta alienígena. Está relatado con gran habilidad, dando muchos detalles que lo hacen muy vívido, pero sin romper el ritmo. Repleto de acción y tecnología futuristanota 2 lo cierto es que engancha.

Para los cánones de la literatura juvenil de la época el capítulo presentaba mucha violencia, lo cual explica en parte que Scribner no lo aceptara para su línea juvenil.5 Sin embargo para los criterios de los 80, y hasta hoy, no creo que se perciba como excesiva... por desgracia en los productos culturales se ha banalizado la violencia.

El segundo capítulo cambia el tono y nos retrotrae a los días de la graduación de la educación secundaria y la llegada a la mayoría de edad de Johnny, el protagonista. Pese a la oposición de sus padres, decide alistarse en el servicio federal de la Federación Terrena. Descubrimos que es un chico de familia adinerada, con un amigo del alma decidido a cumplir un plazo de servicio. Se nos presenta también un personaje importante, el señor Dubois, el veterano que imparte la clase de historia y filosofía moral en el instituto. Averiguamos que Johnny vive en una federación de planetas humanos en la que sólo se adquiere la ciudadanía plena tras cumplir un plazo de servicio público. Esta es una de las especulaciones interesantes del libro, propia de una larga tradición de reflexiones sobre la democracia (entre las que se incluye Mark Twain, admirado por Heinlein).

Los siguientes capítulos nos muestran la dura instrucción básica de la Infantería Móvil, el cuerpo al que han asignado al protagonista. El objetivo de la instrucción es librarse de los demasiado inmaduros para el oficio y capacitar al resto para el combate. El capítulo 6 abre con un cita de Thomas Paine sobre el alto precio de la libertad, y presenta, mediante una carta de Dubois a Johnny, el significado profundo de la vocación militar.

Sigue con el recuerdo de una crítica de Dubois a la teoría del valor a partir del trabajo para llegar a una definición dual del valor: valor de uso y valor de costo, y desde ahí a que las mejores cosas de la vida «están por encima del dinero; su precio es la angustia, el sudor y la dedicación, y el precio que exige la más preciosa de todas las cosas en la vida es la vida misma, el costo definitivo para el valor perfecto».6

El mensaje de fondo es que, por desgracia, la libertad no es un regalo, sino que siempre ha exigido lucha y sacrificio, como la historia demuestra.

El capítulo 7 se dedica a la descripción de los «trajes electrónicos», una especie de exoesqueletos futuristas que amplían las capacidades de los soldados. Son geniales y Paul Verhoeven en su película «basada en la novela» desperdició la oportunidad de utilizar los efectos digitales para mostrarlos. Pero es que a Verhoeven no le interesaba nada de lo bueno de la novela (ni siquiera se dignó en acabar de leerla), sino sólo utilizarla como plataforma para ridiculizar el militarismo más exagerado y la guerra como espectáculo.

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Heinlein habría estado de acuerdo en esta crítica, porque defendía las fuerzas armadas en su justo papel, sólo como instrumento de defensa y mantenimiento de los valores y libertades de una nación frente al imperialismo de otras, y la glorificación en esta novela del soldado de infantería como aquel en el que cae el peso de esta labor, va en esa línea. Por eso es tan triste que justo esta novela fuera la elegida por Verhoeven para su mensaje. Verhoeven no entendió a Heinlein, sólo atendió a sus más errados críticos.

Por otra parte y por desgracia, esta visión de Heinlein de las fuerzas armadas de su país a largo plazo ha resultado idealizada, ya que se han utilizado más a menudo para defender intereses bastante menos nobles que la simple defensa de la libertad y autodeterminación de su nación. Por decirlo suavemente.

En el capítulo 8, a partir de un crimen se explora de nuevo el tema central de las circunstancias en las que pueda ser ético el uso de la fuerza. Un recluta que había desertado meses atrás, en lugar de simplemente renunciar (el servicio federal es totalmente voluntario), secuestra y mata a una niña. Las autoridades locales lo entregan al regimiento de Johnny, ya que técnicamente aún pertenece al ejército, donde lo ejecutan por sus crímenes. Johnny reflexiona sobre lo ocurrido y no acaba de encontrar otra solución que la ya tomada. Esto le lleva a recordar una sesión en el instituto con Dubois, donde se trata el tema de la delincuencia juvenil en el siglo XX y una defensa (muy cuestionable hoy día, con más evidencias científicas en contra que las que había en 1958) del castigo físico como herramienta educativa. Pero esto es tangencial, la reflexión interesante del capítulo llega al final, al proponer el instinto de supervivencia como fuente de toda ética, y su elaboración en los distintos niveles familiar, grupal y nacional. Esto le acaba llevando a una verdad tan cierta en 1958 como ahora: vivimos en una constante exaltación de los derechos que no está acompañada por la correspondiente insistencia en los deberes, y eso es un mal síntoma.

El capítulo 9 narra la última parte del adiestramiento, y en el 10 vemos a Johnny en su primer destino, donde nos enteramos de que la federación ha pasado al estado de guerra con los «Chinches», unos alienígenas similares a arañas gigantes pero organizados como insectos sociales, con castas similares a las que tienen hormigas o termitas. Hay quien ve en estos alienígenas una representación de la Unión Soviética, y no creo que ande desencaminado. La novela fue escrita en plena guerra fría con la URSS, una sociedad en la que la libertad individual estaba en segundo plano y que Heinlein veía como una fuerza que trataba de imponer en el mundo esa visión tan contraria a su querido libertarismo individualista. En él se llega a la defensa de la nación desde la responsabilidad social del individuo para con ella, asumida de modo voluntario y no como una imposición del colectivo que soslaye la libertad del individuo.

Johnny se ve envuelto en una horrible batalla que resulta un fracaso total, con tantas bajas que su compañía no se puede recomponer y lo tienen que destinar a un nuevo equipo en otra nave. Vamos conociendo la rutina de la nueva nave y a otros personajes. Johnny se entera de que su madre ha muerto en la destrucción de Buenos Aires por parte de los Chinches, y supone que su padre ha muerto con ella.

En el capítulo 11 alcanzamos el combate relatado en el inicio de la novela y la historia continúa hasta que, durante un permiso en el planeta Santuario, Johnny decide que va seguir la carrera militar, no sólo cumplir un plazo de servicio. Para ello deberá ingresar en la escuela de candidatos a oficiales.

En el capítulo 12 el protagonista se dirige a la escuela de oficiales cuando descubre que su padre está vivo y se ha unido también a la IM. Se relata brevemente el paso por la escuela, y mediante el relato de algunas clases en dicha escuela, se explicitan en detalle las tesis fundamentales de la novela, esbozadas en los capítulos anteriores.

Por un lado la especulación sobre el sistema democrático de esta sociedad imaginada, en la que para ganar derechos políticos hay que demostrar la capacidad de poner el bien común por encima del propio mediante dos años de duro, pero voluntario, servicio público. Esto garantiza que, en promedio, los votantes actúen con mayor responsabilidad social. Una especulación interesante que hace pensar. Esta virtud, hacer pensar a los lectores por sí mismos, está muy presente en la obra de Heinlein.

Por otro lado se vuelve a la idea de encontrar el origen de la ética en el «... instinto de supervivencia por encima del nivel individual...».7

También se habla de la dualidad autoridad-responsabilidad y el necesario equilibrio entre ambas, algo que en nuestras sociedades nunca parece ponerse de moda, y para mí el mensaje de mayor valor de esta novela.

Cosas como ésta son la auténtica Ciencia Ficción, así con mayúsculas, reflexiones sobre nosotros mismos y nuestras sociedades a través del gancho de la narrativa y la imaginación. Plantear una serie de «y si...» y desarrollarlos para ver a dónde nos llevan.

El capítulo 13 muestra a Johnny en su destino como oficial provisional a prueba, donde aprende algunas cosas y participa en una gran operación sobre un planeta avanzadilla de los Chinches, con el objetivo de capturar con vida a miembros de las castas dirigentes, para estudiarlos e intercambiarlos por prisioneros humanos. Tras la misión Johnny acaba herido y después de recuperarse vuelve a la escuela de oficiales.

Hay una gran elipsis que lleva al capítulo 14 y final, donde vemos a Johnny ya como oficial y a su padre como sargento, juntos camino a la batalla definitiva.

Reflexión final

Esta novela cuenta una historia centrada en el ámbito militar, y algunas miradas asocian con simpleza extrema todo lo militar con el fascismo. Pero no es necesariamente así; Heinlein vivió y entendió siempre la vocación militar como una sujeción voluntaria (siempre consideró el reclutamiento forzoso como una forma de esclavitud) a una disciplina necesaria para las funciones de las fuerzas armadas. Es decir, comprendió y asumió la paradoja de tener que someterse a las inevitables circunstancias de desigualdad y disminución de libertad propias de pertenecer a una organización militar, para que ésta pueda contribuir a la defensa de la igualdad y las libertades de la sociedad de la que forma parte. Quizás esto sea lo que no quisieron entender los críticos de una novela que, por otra parte, está llena de las virtudes que han hecho de Heinlein uno de los autores más queridos por los lectores del género.

Algunas citas memorables

«He oído decir que antes solía haber cuerpos militares cuyos capellanes no luchaban junto a los soldados [...] ¿cómo puede bendecir un capellán algo que no está dispuesto a hacer personalmente?»

«...un chico que consigue un aprobado justo en apreciación de la televisión no puede ser tan malo»

Notas

  1. El título traducido es habitualmente Tropas del espacio, aunque también hay alguna edición titulada Brigadas del espacio. Todos los detalles de las ediciones en castellano se pueden encontrar en HispaRAH.
  2. Futurista desde la perspectiva del año en el que fue escrita, e incluso lo seguía siendo en los 80. Hoy no tanto, claro, pero salvo por la presencia de telegramas, correo postal y documentos en papel, tampoco ha envejecido demasiado mal.

Referencias

  1. 1,0 1,1 Patterson, Jr., 2014, p. 166.
  2. Patterson, Jr., 2014, p. 179-180.
  3. Heinlein, 1980, p. 330 y ss..
  4. Stover, 1987, p. 50.
  5. Patterson, Jr., 2014, p. 549-550, nota 40.
  6. Heinlein, 1982, p. 92.
  7. Heinlein, 1982, p. 171.

Bibliografía

  • Heinlein, Robert H. (1982) [1959]. Tropas del espacio. Biblioteca de Ciencia Ficción Orbis, 3. Barcelona: Ediciones Orbis. ISBN 84-7634-036-2. 
  • Heinlein, Robert A. (1980). Expanded Universe. Ace Books. ISBN 0-441-21888-1. 
  • Patterson, Jr., William H. (2014). Robert A. Heinlein: In Dialogue with His Century: Volume 2, 1948-1988: The Man Who Learned Better. Nueva York: Tom Doherty Associates, LLC. ISBN 978-0-7653-1961-6. 
  • Stover, Leon (1987). Robert A. Heinlein. Boston: Twayne Publishers. ISBN 0-8057-7509-9.