Biografia

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Sus primeros años

Robert Anson Heinlein nació el 7 de julio de 1907 (el siete del siete del siete, curioso), en Butler, pequeña localidad cabecera del condado de Bates, Missouri. Fue el tercero de siete hermanos, cuatro varones y tres mujeres. Pocos meses después de su nacimiento la familia se mudó a Kansas City, donde Robert se crió y recibió su educación básica, volviendo los veranos a Butler con su abuelo materno, figura importante en su vida a pesar de su temprano fallecimiento.

Desde pequeño mostró un gran interés por la astronomía, que provenía, al parecer, de la fascinación que le produjo la visión del cometa Halley cuando apenas llegaba a los tres años. Esto ocurrió en la primavera de 1910, justo cuando fallecía Mark Twain, el que sería una de las mayores influencias literarias de Heinlein. El caso es que desde muy joven Heinlein leyó todo lo que pudo sobre temas astronómicos. También durante su juventud leyó a Darwin y a T.H. Huxley, quedando impresionado por la teoría de la evolución. Además de temas científicos Heinlein leía muchas novelas de aventuras, especialmente de ciencia ficción. También por aquel entonces empezó a leer a H. G. Wells, otro autor que influyó mucho en él, sobre todo por sus ideas políticas, que venían siendo un socialismo democrático y humanista, moderado y evolucionista (en oposición a revolucionario), heredero del socialismo de Saint-Simon.

Paso por la Armada

Ni Robert ni su familia se podían permitir financiar estudios superiores para él, así que buscó otro camino para conseguir una educación que le acercase a su objetivo de dedicarse a la astronomía. Siguiendo los pasos de uno de sus hermanos mayores, ingresó en la Academia Naval de Annapolis, Maryland. No fue tarea fácil, no era nada habitual que accediese más de un alumno de la misma familia por generación.
Foto del anuario de la Academia de 1929. (Imagen en dominio público)

Pero Heinlein consiguió recomendaciones y escribió con insistencia a su senador hasta que logró que le asignara la vacante de la que disponía para la Academia. Estuvo allí desde 1925 hasta 1929, cuando se graduó en la vigésima posición de su clase, formada por 243 alumnos. Académicamente había sido el quinto, pero consideraciones disciplinarias lo rebajaron a esa posición. En concreto sus faltas fueron: «ausencia sin permiso» durante un crucero de prácticas veraniego en 1927 (en realidad un breve retraso en su llegada al buque desde el puerto), y fingir una enfermedad para evitar el trabajo en el siguiente verano. Durante su época en la academia también se convirtió en un buen espadachín; sus conocimientos en este tema se reflejaron más adelante en el protagonista de su novela Glory Road.

En la academia solicitó entrenamiento de vuelo, pero se consideró que su percepción de la profundidad no era suficiente. De todos modos mantuvo cierta relación con la aviación ya que su primer destino fue el USS Lexington, el segundo portaaeronaves de la armada estadounidense.

En lo personal durante este período es de señalar el fallecimiento de su hermana Rose Elizabeth, con siete años de edad, a la que profesaba especial cariño, y su boda con Elinor Curry, justo después de graduarse en 1929. Esta boda fue un error importante en su vida, pues Elinor y él resultaron ser muy incompatibles, divorciándose la pareja apenas transcurridos dieciséis meses. Además, el estado civil de casado en ese momento le impidió continuar en la competición por la beca Rhodes, para la que había sido seleccionado como candidato de la Academia Naval. Se cerraba así el único camino que aún tenía abierto hacia la astronomía.
USS Lexington el 14 de octubre de 1941. (Imagen en dominio público)

Su servicio activo en la Armada fue corto pero intenso. En 1934, con veintisiete años, lo retiraron como no apto para el servicio por motivos médicos, tras una larga convalecencia por una tuberculosis pulmonar contraída en su segundo destino, el destructor USS Roper.

Incursión en política

Heinlein se había vuelto a casar en 1932, esta vez con Leslyn MacDonald, y desde su período de convalecencia vivían en Los Angeles. En 1934 ya se habían unido a la plataforma EPIC de apoyo a Upton Sinclair, candidato demócrata a gobernador del estado de California. Sinclair era un socialista de una línea ideológica con la que las ideas de Heinlein casaban a la perfección. La organización enseguida aprovechó las cualidades de Heinlein. Sinclair perdió las elecciones, pero Heinlein continuó trabajando para la EPIC de diversos modos. Más tarde, en 1938, llegó incluso a presentarse a unas elecciones para el escaño de su distrito en la asamblea de California. El distrito era muy conservador y el oponente de Heinlein, pese a ser del partido Republicano, se presentó también a las primarias del partido Demócrata. Por 450 votos Heinlein perdió las primarias de su propio partido. Es muy posible que una buena parte de los votantes lo consideraran muy vinculado al movimiento EPIC de Sinclair, que era una línea dentro del partido Demócrata que no todos apoyaban. El caso es que al empezar el año 1939 Heinlein estaba en muy mala situación económica. Había fracasado en las elecciones y se había empeñado para los gastos de la campaña y para la compra de una casa. Fue entonces cuando empezó a orientar su vida hacia la profesión por la que es conocido.

Y por fin, escritor

Fue esta una elección natural para él, ya que desde joven le había gustado escribir historias cortas y poemas. Era además un momento en el que estaban apareciendo nuevas revistas de un género que le agradaba: la ciencia ficción. Escribió entonces en abril de 1939 el relato Life-line y lo envió a la revista Astounding Science-Fiction. Su director, John W. Campbell, estaba buscando un nuevo tipo de ciencia ficción, más realista y literario, y para ello trabajaba con jóvenes autores, dándoles ideas y orientándolos hacia lo que quería; gente como Isaac Asimov, Theodore Sturgeon, Van Vogt y Clifford. D. Simak, estaban en ese proceso. Lo que le llegó de Heinlein era justo lo que esperaba, y sin necesidad de «trabajarlo». Por supuesto, lo aceptó al instante.

Heinlein continuó escribiendo relatos para Campbell y, salvo ocasionales rechazos y peticiones de reescritura, se los compraba todos. La situación económica de Heinlein dio un vuelco y en un año era reconocido como el maestro de la ciencia ficción del momento, habiéndola cambiado por completo al hacerla más madura y moderna. Sus relatos tenían un nivel de realismo, amplitud de miras e imaginación sin precedentes en el género. Fue invitado a dar el discurso de honor en la Convención de Ciencia Ficción de 1941. En sólo dos años había llegado a la cumbre del género. Es sorprendente que en tal momento Heinlein tuviera en mente retirarse y dedicarse a otras cosas. Lo que sigue es un extracto de una carta a Campbell:

«... soy el escritor más popular de la revista más popular del género... ¿A dónde voy a ir ahora si no es hacia abajo? No puedo ir más allá en este género; no hay ya hacia donde ir... Con franqueza, el esfuerzo está acabando conmigo. Todavía puedo escribir, pero es terriblemente penoso intentar cada semana ser más ingenioso de lo que he sido la semana anterior. Y aunque lo consiga, ¿con qué propósito?. El primer puesto es el más alto en el que puedo estar, y un centavo y medio la palabra es lo máximo que puedo esperar que me paguen...»

Sin embargo, continuó escribiendo hasta que su país entró en guerra. De hecho aceleró la finalización de su novela seriada Beyond This Horizon pues sospechaba que el ataque japonés estaba al caer. El 1 de diciembre de 1941 terminó la novela y la envió a Campbell. Seis días después, Japón atacó Pearl Harbor y los Estados Unidos entraron en la Segunda Guerra Mundial.

Período de guerra

Heinlein había seguido con creciente desasosiego la guerra en Europa, considerando la democracia en peligro tanto por los fascismos como por el comunismo de Stalin. En cuanto los Estados Unidos entraron en guerra, Heinlein se presentó para el servicio activo, pero fue rechazado de nuevo. No podría estar en primera línea por su salud, pero es que tampoco lo admitían para otras tareas. Una advertencia que figuraba en su historial por una carta sarcástica suya publicada en un diario en 1935 y firmada como oficial, lo hizo sospechoso de simpatizar con el comunismo a ojos de alguien de la cadena de mando.1 Sin embargo, un antiguo compañero aviador de la Armada que estaba al cargo del laboratorio de materiales de la Naval Air Experimental Station, cerca de Filadelfia, estaba dispuesto a aceptar a Heinlein como ingeniero civil. Una de sus primeras tareas consistió en reclutar más gente para trabajar allí. Por eso, con el tiempo y con ayuda de Campbell, atrajo a otros escritores de ciencia ficción con formación técnica para trabajar en la NAES durante la guerra. Unas semanas antes de ser designado para este puesto, mientras se alojaba en casa de Campbell, terminó un par de relatos que serían los últimos hasta el final de la guerra.

Su actividad fue al principio más organizativa y posteriormente más técnica. Algunos de los temas en los que trabajó fueron las cabinas de plexiglás de los B-29, el diseño de alojamientos para los nuevos equipos de radar en aviones, adhesivos,... e incluso participó en un grupo de reflexión informal que buscaba ideas para la defensa frente a los ataques de los kamikazes.
Robert A. Heinlein, L. Sprague de Camp e Isaac Asimov, en la NAES, 1944.(Imagen en dominio público)
Conoció también en su trabajo los trajes de presión para vuelos a gran altitud, precursores de los trajes espaciales. En sus relatos posteriores a la guerra se advierten sus conocimientos sobre este tema.

También es conocida su actividad como mediador en las conflictivas relaciones entre el personal civil y militar del laboratorio.

Elevando el género

Durante la guerra Heinlein había tomado la decisión de que se dedicaría por completo a la profesión de escritor. Así, en cuanto finalizó la contienda, dimitió en el laboratorio, volvió a California y buscó agentes literarios para introducirse en nuevos mercados. Y consiguió lo que quería, llegando a publicar en el Saturday Evening Post, la revista que mejor pagaba y la más prestigiosa de la época. Esto supuso un empuje para el género de la ciencia ficción, que comenzaba así, de la mano de Heinlein, a salir del ghetto. Asimov resumió con estas palabras este momento: «Todo los escritores de ciencia ficción encontrarían las cosas más fáciles porque Heinlein había hecho el campo más respetable y, más pronto o más tarde y como resultado de ello, todos nos beneficiaríamos. Entre Heinlein y la bomba atómica se había vuelto difícil volver a pensar en la ciencia ficción como algo infantil o tonto.»2

En esta época Heinlein empezó también a escribir los llamados «libros juveniles», libros de aventuras para adolescentes. Fue ésta la vía por la que consiguió en cierto modo su propósito de aleccionar a sus conciudadanos sobre las consecuencias y la importancia del armamento atómico que nacía en aquellos momentos, ya que sus artículos para el público adulto sobre estos temas no encontraban salida editorial. Su primer libro de este tipo, escrito en 1946 y publicado en 1947, fue Rocket Ship Galileo, que resultó un gran éxito de ventas.

Ginny, el gran amor de su vida

En este período, de 1945 a 1947, Heinlein se encontraba en circunstancias personales difíciles. Sus quince años de matrimonio con Leslyn estaban tocando a su fin. Leslyn había trabajado muy duro durante la guerra, su madre había fallecido y además había sufrido por el cautiverio de su hermana en Filipinas. Su hermana y sus sobrinos finalmente consiguieron la liberación y vuelta a Estados Unidos, donde los Heinlein tuvieron que hacerse cargo de su sustento, pues su cuñado había sido asesinado en un campo de prisioneros. En esa época Leslyn comenzó a beber y poco a poco se fue deslizando en el alcoholismo, como le había ocurrido a su padre. Pese a haber buscado ayuda profesional y aunque Robert seguía amando a Leslyn, la convivencia era cada vez más difícil. En junio de 1947 Heinlein se convenció de que la situación no iba a mejorar y acabó mudándose al tiempo que comenzaban los trámites de divorcio. Durante un tiempo Heinlein vivió en distintos lugares, incluso en una caravana. En octubre de 1948 el divorcio fue decretado y Heinlein, con la gran discreción que caracterizó siempre su vida privada, contrajo entonces matrimonio con Virginia Doris Gerstenfeld, con la que vivió hasta el fin de sus días.

Heinlein había conocido a Virginia en Filadelfia, siendo ella teniente de la Armada, cuando trabajaba en la sección de plásticos y adhesivos de la NAES. Virginia, «Ginny» para los amigos, fue una brillante bioquímica, deportista y aficionada al estudio de idiomas, llegando a hablar más de siete.

Heinlein y su nueva esposa decidieron trasladarse a Colorado, en concreto a Colorado Springs, cerca de las montañas Cheyenne. Como curiosidad podemos comentar que este nuevo destino fue elegido, entre otras cosas, por suponer que sería una zona alejada de los principales blancos de un posible ataque nuclear en la costa oeste. No olvidemos que estamos hablando de los albores de la guerra fría, y Heinlein era una persona especialmente consciente de la realidad del armamento atómico en desarrollo por aquel entonces.

Desde allí continuó su trabajo, ahora muy apoyado por Virginia, que se convirtió desde entonces en su principal colaboradora, siendo siempre su primera lectora y crítica. Virginia asumió también las tareas más «comerciales» para dejarlo libre en su labor creativa, a la que también aportaba sugiriendo ideas. En resumen, Robert y Virginia, además de su conocida devoción mutua, formaban un equipo de trabajo muy eficaz.

La Edad de Oro de la Ciencia Ficción

Aunque Heinlein ya no escribía para Campbell, seguían siendo amigos y todavía colaboraba con él en algunas ocasiones especiales. Una de ellas sería Gulf, un relato que tenía título, pero no historia, y que Heinlein debía escribir para el número de Astounding de noviembre de 1949, el famoso número «profetizado».3 Realizando una tormenta de ideas con Ginny en la búsqueda de esta historia, ella propuso tomar el argumento central de El libro de la selva y trasladarlo a Marte, es decir, la historia de un humano criado por marcianos. Esta idea cautivó a Heinlein e hizo un bosquejo sobre el que volvía una y otra vez hasta que once años después acabó dando lugar a Stranger in the Strange Land, una de sus mejores novelas.

En este tiempo Robert seguía trabajando produciendo novelas, pero también hizo una incursión en uno de los mercados que le faltaba por conocer: Hollywood. Efectivamente, durante 1948 había escrito un guión cinematográfico, Destination Moon, y en 1949 los estudios que producían la película lo contrataron como director técnico, aunque también colaboró en las continuas reescrituras del guión. La película tuvo bastante éxito, aunque los Heinlein consideraron que les habían escamoteado parte de los beneficios. Más rentable fue la adaptación de una de sus novelas juveniles para una serie de televisión el año siguiente. Tras esa única adaptación inicial, Heinlein recibió una cantidad por cada episodio emitido, sin tener que hacer nada más.

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Los años cincuenta fueron una buena etapa para Heinlein, y para la ciencia ficción en general, de hecho es el período conocido como la Edad de Oro de la Ciencia Ficción. En 1956 ganó su primer Hugo, con Double Star. En esta década se hizo también cada vez más conocido fuera del ámbito de la ciencia ficción. En este género, por cierto, fue considerado el mejor por sus camaradas escritores desde que empezó hasta su muerte.

Continuó también en estos años su relación con el cine y la televisión, pero a la larga se desencantó por completo de estos medios, tanto por lo económico como por el poco control creativo que tenía sobre lo escrito.

En esta década, junto con las novelas para adolescentes, Heinlein escribió varias obras para adultos, como, por ejemplo: The Puppet Masters (1951); Double Star (1956), The Door into Summer (1957) y Starship Troopers (1959), muy pólemica en su momento pero con la que ganó su segundo Hugo.

Forastero en tierra extraña

En la primavera de 1960 Heinlein por fin terminó su obra Stranger in the Strange Land, la que tenía entre manos desde 1949. La controversia generada por Starship Troopers le permitió desbloquear sus avances en esta historia al impulsarlo, de manera paradójica, a no ser tan cuidadoso: «me permití el lujo de escribir sin un ojo puesto en los tabús, el mercado, etc».4 Se trataba de una novela extensa, sobre ochocientas páginas de una muy interesante sátira sobre religión y sexo. Era una obra difícil de publicar en aquel momento, y Heinlein era consciente de ello, así que aceptó la petición de reducir la extensión del libro y de retirar algunas escenas que el editor consideraba que podían resultar demasiado ofensivas para el público. A pesar de la dificultad de tanto recorte, lo consiguió y el libro se publicó de este modo durante casi veintiocho años, hasta que, tras su muerte, Ginny logró que se editara la versión original sin cortes. Por supuesto, y a pesar de los cortes, la obra obtuvo en 1962 el premio Hugo, el tercero ya para Heinlein. Además se convirtió en la primera novela de ciencia ficción en aparecer en la lista de best-sellers de The New York Times Book Review.5 Después de 1966 las ventas de esta novela se dispararon: había sido descubierta por la contracultura del momento en los Estados Unidos, el movimiento hippie, que la incluyó entre sus libros de referencia.

El centro de mando en el patio trasero

En 1965 los Heinlein decidieron abandonar Colorado Springs, sobre todo porque Ginny relacionó sus problemas de salud con la altitud. Al nivel del mar siempre se encontraba mejor. Además la casa se les estaba haciendo algo pequeña. Otro motivo más anecdótico es que el NORAD, el mando de la defensa aérea estadounidense, estaba terminando su nuevo cuartel general en las montañas Cheyenne, convirtiéndose la zona en el blanco número uno de una eventual guerra nuclear. La vida es así de bromista a veces, y los amigos de Heinlein aprovechaban la situación para tomarle el pelo. En sutil venganza contra este giro del destino Heinlein machaca, literalmente, las montañas Cheyenne en su novela The Moon is a Harsh Mistress, escrita ese mismo año y por la que ganó su cuarto Hugo en 1967, siendo el primer escritor en alcanzar esa cifra. Tras recorrer una buena parte de la costa oeste, Ginny y Robert decidieron establecerse en Santa Cruz, California, donde construyeron una casa circular adecuada a sus gustos y estilo de vida.

Los setenta, madurez plena

El 16 de julio del 1969 Heinlein presenció en directo el despegue de la misión Apolo XI, que experimentó con intensa emoción. El sueño largamente acariciado por fin se hacía realidad. El 20 de julio de 1969, durante las sobrecogedoras horas de la llegada del primer hombre a la Luna, participaba desde California, en conexión con Nueva York, en la grabación de comentarios sobre el alunizaje para el programa de Walter Cronkite. Allí consiguió dejar indignado a Cronkite al sugerir que toda la tripulación del Apolo debería haber sido femenina. En la grabación participaban otros escritores de ciencia ficción como Arthur C. Clarke e Isaac Asimov.

Al principio de 1970, justo tras terminar I Will Fear No Evil, Heinlein cayó gravemente enfermo con una peritonitis que lo llevó cerca de la muerte por la infección asociada. A la peritonitis siguieron otros problemas médicos, y todo ello lo dejó fuera de combate durante dos años. Por fortuna superó los problemas, y en 1972 volvió con fuerza, comenzando a escribir otra gran novela, Time Enough for Love.

Durante los años siguientes interrumpió su producción de ficción para atender a otros asuntos. Dedicó mucho esfuerzo a confeccionar un elaborado trabajo divulgativo sobre la sangre y a organizar campañas de donación. Se había interesado por estos temas a raíz de las transfusiones que había recibido durante sus tratamientos médicos, y fue su manera de colaborar en «reclutar» nuevos donantes. También escribió un artículo sobre Paul Dirac y realizó varios viajes.

En 1974 la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción de América creó un nuevo premio, el Gran Maestro Nebula, y Heinlein fue, como no podía ser de otro modo, el primero en recibirlo. En 1976 participó por tercera vez como Invitado de Honor en la Convención de Ciencia Ficción (lo había sido ya en 1941, la segunda Convención, y en 1961). En este año fallecieron su hermano mayor Rex y su anciana madre.

Heinlein, invitado de honor en la Worldcon de 1976. (Foto por Db-d bajo licencia CC BY-SA 3.0)

A finales de 1977 Robert sufrió una crisis isquémica transitoria. Se descartó un tumor cerebral pero sospechaban de un bloqueo en la carótida, que se acabó confirmando. Heinlein decidió arriesgarse con una técnica relativamente nueva, un bypass. Por suerte la cirugía resultó y en cuanto se encontró mejor trabajó en The Number of the Beast, hasta finalizarlo en diciembre de 1978.

Ya en la década de los sesenta habían aparecido algunos trabajos sobre la vida y la obra de Heinlein, pero es ahora en los setenta cuando se empiezan a multiplicar. Heinlein evitaba siempre hablar sobre su obra o la de sus colegas, por lo que tampoco comentó nunca nada acerca de estos trabajos. En 1979 fue convocado a Washington para hablar sobre las aplicaciones de la tecnología espacial para los ancianos y los discapacitados. Aunque no era un experto en el tema, decidió aceptar e investigó con intensidad para la declaración, considerándola una oportunidad para defender el programa espacial.

Sus últimos años

En 1982 apareció Friday, una novela de aventuras que transmitía una gran crítica hacia los prejuicios de toda clase. En 1983 los Heinlein hicieron un viaje a la Antártida, el único continente que les quedaba por visitar, y a su regreso Robert escribió Job: A Comedy of Justice. El viaje les resultó encantador y cuando surgió la oportunidad de participar en un viaje por el ártico en el mismo barco, para agosto del 1984, no dudaron en aprovecharla.

Robert y Virginia en Tahití, 1980. (Foto por Teva Ellacott bajo licencia CC BY-SA 3.0. Recortada y retocada respecto al original por Marcok)

Durante este año y el siguiente, Heinlein compuso The Cat Who Walk Trough Walls: A Comedy of Manners, una novela del multiverso iniciado con The Number of the Beast.

En 1984 tuvo lugar también el famoso desencuentro con Clarke en relación con la iniciativa de defensa estratégica (SDI), que Clarke criticaba desde un punto de vista ético. Heinlein consideró arrogante y entrometida su opinión, ya que veía la SDI como una defensa necesaria para los Estados Unidos, que además desactivaría la amenaza nuclear al hacer obsoleto este tipo de armamento.

Entre 1985 y 1986 trabajó en la que sería su última novela, To Sail Beyond the Sunset, en línea con las dos anteriores y con Time Enough for Love. En ella se reunían casi todos sus más queridos personajes y se publicó el día de su octogésimo cumpleaños, en 1987.

Su salud había estado empeorando, y en ese mismo año Ginny y él se mudaron a Carmel para tener cerca recursos médicos avanzados, de los que tuvo que hacer uso varias veces desde entonces.

Finalmente, en la mañana del 8 de mayo de 1988, murió mientras dormía. Fue incinerado y sus cenizas esparcidas en el océano Pacífico desde una embarcación de la Armada, con honores militares.

Referencias

  1. Patterson, Jr., 2010, p. 305.
  2. Powell, Jim (julio de 1997). «Robert A. Heinlein’s Soaring Spirit of Liberty». The Freeman / Ideas on Liberty (en inglés) (Irvintong, Nueva York: The Foundation for Economic Education) 47 (7): 440. ISSN 1559-1638. 
  3. May, Andrew (2003). «Science Fiction Prophecy» (en inglés). Consultado el 4 de enero de 2016. 
  4. Patterson, Jr., 2014, p. 188.
  5. Vonnegut, Kurt (9 de diciembre de 1990). «Heinlein Gets the Last Word». The New York Times (en inglés). 

Bibliografía

  • Patterson, Jr., William H. (2010). Robert A. Heinlein: In Dialogue with His Century: Volume 1, 1907-1948: Learning Curve. Nueva York: Tom Doherty Associates,LLC. ISBN 978-0-7653-1960-9. 
  • Patterson, Jr., William H. (2014). Robert A. Heinlein: In Dialogue with His Century: Volume 2, 1948-1988: The Man Who Learned Better. Nueva York: Tom Doherty Associates, LLC. ISBN 978-0-7653-1961-6. 
  • Patterson, Jr., Willian H. «Biographies of Robert A. Heinlein and Virginia Heinlein». Extracto de un artículo aparecido en The Heinlein Journal, nº 5, julio de 1999 (en inglés). The Heinlein Society. Consultado el 11 de agosto de 2011. 
  • Powell, Jim (julio de 1997). «Robert A. Heinlein’s Soaring Spirit of Liberty». The Freeman / Ideas on Liberty (en inglés) (Irvintong, Nueva York: The Foundation for Economic Education) 47 (7): 434-446. ISSN 1559-1638.